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EscobarTraining

Si alguna vez te propusiste empezar el gimnasio, seguramente te pasó algo parecido a esto: durante los primeros días estás lleno de energía, buscás rutinas, mirás videos de entrenamiento, imaginás cómo querés verte dentro de unos meses y sentís que esta vez sí vas a lograrlo.

Pero pasan las semanas y algo cambia.

Empezás a faltar algún día, después dos, después encontrás excusas y, sin darte cuenta, terminás abandonando.

La pregunta es: ¿qué pasó con toda esa motivación que tenías al principio?

La realidad es que la motivación no está diseñada para durar para siempre. La motivación es una emoción y, como cualquier emoción, cambia constantemente. Hay días donde te sentís con ganas de conquistar el mundo y otros donde ni siquiera tenés ganas de levantarte de la cama.

Por eso, depender exclusivamente de la motivación para entrenar suele ser un error.

El problema de esperar tener ganas

Muchas personas creen que quienes entrenan durante años están siempre motivados.

La realidad es totalmente distinta.

La mayoría de las personas constantes también tiene días malos, cansancio, problemas laborales, estrés o falta de ganas.

La diferencia es que aprendieron a actuar incluso cuando no tienen motivación.

Entendieron que el entrenamiento forma parte de su rutina y no de su estado de ánimo.

La disciplina siempre gana

Hay una frase que me gusta mucho:

“La motivación te ayuda a empezar. La disciplina te ayuda a continuar.”

Cuando convertís el entrenamiento en un hábito, dejás de preguntarte todos los días si tenés ganas de hacerlo.

Simplemente lo hacés.

De la misma forma que te cepillás los dientes o vas a trabajar.

Otro error muy común: querer cambiar todo de golpe

Muchas personas empiezan entrenando seis días por semana, eliminan todos los alimentos que les gustan y quieren transformar completamente su estilo de vida en pocos días.

El problema es que ese nivel de exigencia suele ser imposible de sostener.

Después de algunas semanas aparece el cansancio físico y mental.

Y ahí es donde la mayoría abandona.

La importancia de los objetivos realistas

Otro motivo por el que desaparece la motivación es tener expectativas poco realistas.

Algunas personas esperan perder diez kilos en un mes o ganar una gran cantidad de masa muscular en pocas semanas.

Cuando esos resultados no aparecen tan rápido como imaginaban, se frustran.

El problema no es el entrenamiento.

El problema es la expectativa.

Cómo mantenerte constante

Algunas estrategias que pueden ayudarte son:

  • Establecer objetivos alcanzables.
  • Tener horarios fijos para entrenar.
  • No depender de las ganas.
  • Registrar tu progreso.
  • Disfrutar el proceso y no solamente el resultado.
  • Entender que habrá días buenos y días malos.

Lo importante es seguir avanzando incluso cuando la motivación baja.

Conclusión

La motivación es excelente para empezar, pero nunca será suficiente para mantenerte entrenando durante años.

Los resultados físicos importantes no los consiguen las personas más motivadas.

Los consiguen las personas más constantes.

Porque al final, el éxito en el gimnasio no depende de cuántas ganas tengas hoy.

Depende de cuántas veces seas capaz de aparecer incluso cuando no las tengas.

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