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EscobarTraining

Una de las mayores frustraciones al entrenar es sentir que estás haciendo todo bien y no saber si realmente estás progresando.

Te mirás al espejo y no encontrás demasiadas diferencias.

Te pesás y el número parece prácticamente igual.

Entonces aparece la pregunta:

¿Todo este esfuerzo está funcionando?

La respuesta puede ser sí.

El problema es que muchas personas utilizan únicamente la balanza para medir su progreso.

Y el peso corporal es solamente una parte de la historia.

  1. Medí tu peso correctamente

La balanza puede ser una herramienta útil, pero hay que utilizarla correctamente.

El peso puede variar considerablemente de un día para otro por cambios en la hidratación, glucógeno, alimentos consumidos y otros factores.

Por eso, en lugar de obsesionarte con una medición aislada, podés observar tendencias a lo largo de varias semanas.

  1. Sacate fotografías

Las fotografías son una de las mejores herramientas para visualizar cambios físicos.

Intentá utilizar condiciones similares:

Misma iluminación.

Misma distancia.

Posiciones similares.

Ropa similar.

Una foto cada varias semanas puede mostrar cambios que diariamente son prácticamente imposibles de detectar.

  1. Medí tus perímetros corporales

Podés registrar medidas como:

  • Cintura.
  • Pecho.
  • Brazo.
  • Muslo.
  • Cadera.

Esto permite observar cambios que la balanza no puede mostrar.

Por ejemplo, podés reducir centímetros de cintura mientras mantenés prácticamente el mismo peso debido a una mejora de la composición corporal.

  1. Registrá tus cargas

Si hace tres meses hacías press de banca con 60 kg y ahora podés hacer más repeticiones con 70 kg manteniendo una técnica correcta, existe una mejora.

La fuerza es uno de los indicadores más útiles para saber si tu entrenamiento está funcionando.

  1. Observá tu técnica

Progresar no siempre significa levantar más peso.

También puede significar ejecutar el mismo peso con mayor control, mejor rango de movimiento y mayor estabilidad.

Una técnica mejorada es una forma real de progreso.

  1. Evaluá tu rendimiento

¿Te cansás menos?

¿Podés entrenar con mayor intensidad?

¿Te recuperás más rápido?

¿Podés realizar más trabajo sin que tu rendimiento caiga?

Todos estos datos también forman parte de tu evolución.

  1. Evaluá cómo te sentís

El progreso no es solamente estético.

Dormir mejor, sentir más energía, mejorar la confianza, moverte con mayor facilidad y sentirte más fuerte también son resultados importantes.

El entrenamiento debería mejorar tu calidad de vida, no solamente tu apariencia.

Conclusión

No dejes que un número en una balanza determine si estás progresando o no.

El cuerpo cambia de muchas maneras.

Medí tu peso, tus perímetros, tus fotografías, tu fuerza, tu técnica y tu rendimiento.

Cuando empezás a observar todas estas variables, tenés una visión mucho más completa de tu evolución.

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